La Entrevista: Antonio Cano, sacerdote Parroquía San Juan María Vianney


Antonio Cano es sacerdote, párroco de San Juan María Vianney, en el Poblado B de Fuencarral. Anda por aquí­ desde hace dieciséis años, paseando su barba canosa y disimulando sus aficiones. La atención pastoral al barrio "dice- le ocupa la inquietud", aunque aún le queda tiempo para otros menesteres. Ha escrito varios libros y centenares de artí­culos y deja caer en ocasiones una sutil vocación poética. No le gusta figurar y en ocasiones hay que sacarlo de los rincones del anonimato.

¿Cómo fueron tus inicios en el barrio?
Yo venía de una parroquia humilde, y no me desagradaba venir a san Juan Marí­a Vianney, todo lo contrario. Desde el principio me sentí­ a gusto porque fui en general bien acogido. Los sacerdotes que habí­an estado antes trabajaron muy bien y a mí me correspondí­a continuar la tarea. Me sentí­ un privilegiado: una parroquia pobre en bienes materiales y riquísima en valores humanos; unos feligreses solidarios y una fe que lleva a ver las cosas de otra manera. El barrio tenía muchas carencias y pocos recursos, pero sus gentes eran dignas y buenas.

¿Cuáles han sido los trabajos desarrollados?
En un barrio como el nuestro hay que hacer de todo. Lo importante es tener una actitud de acogida, disponibilidad y servicio. Lo demás viene dado. Nada de lo que ocurre a las personas nos es ajeno, especialmente de los más pobres. No quiero decir que siempre acertemos, ni que podamos atender todas las demandas. Ofrecemos lo que tenemos: buena voluntad, disposición y tiempo. Miramos hacia fuera y hacia dentro, para no ensimismarnos y dar razón de nuestras esperanza.

Tras la remodelación, ¿qué crees que queda por hacer?
La remodelación, en sus tres fases, ha sido penosa para nosotros, y a veces dramática. Levantar las viviendas es lo más fácil, a pesar de tantas contrariedades, lo más importante se refiere a las personas. La remodelación ha mejorado sensiblemente el barrio, pero ha dejado en sus tres fases unos flecos penosos. El cambio ha destapado nuevas sensibilidades y ha producido desalojos lacerantes. Queda aún tarea pendiente, entre otras acabar la remodelación (no sólo por que se dejan las cosas sin terminar) y dotar al barrio de aquellos servicios humanos que urgen en la actualidad. El barrio es como es, el personal envejece inevitablemente y es conveniente acercarle aquellos servicios y recursos que humanizan.
hasta arriba